En más de una ocasión nos hemos preguntado ¿hacia dónde va nuestro país?, las respuestas son múltiples y considerando los sectores sociales, estos incidirán en mayor o menor medida a su conveniencia que no es necesariamente el sector mas necesitado. La pirámide de A. Maslow nos ubica en diferentes eslabones acorde al grado de necesidades en el cual nos desarrollamos las personas, sin embargo, existe una contradicción, pues los indicadores macroeconómicos hablan que en el 2010 hubo un crecimiento del 14% en la economía pero hasta la fecha el ciudadano común no ha logrado cumplir con sus compromisos económicos a corto plazo, así como los planes a medio o largo plazo se convierten en capítulos de una novela de Augusto Roa Bastos, donde se empieza, no entiende en el camino y por ende jamás conoce el final.
La población mayoritariamente juvenil, superior al 70% no encuentra los caminos para iniciar su carrera laboral, profesional, universitaria o tan solo de mando medio; las posibilidades cada vez son mas escazas, sin el beneficio de cobertura principal en salud, en donde los centros asistenciales ubicados en supuestas zonas estratégicas no hacen mas que demorar la atención en primeros auxilios, en lugar de dar la cobertura necesaria sin importarle el mal llamado status social en el cual todos/as nos encontramos insertos.
Los llamados cambios como resultado de enfrentamientos de sectores o grupos políticos, hasta la fecha no hacen otra cosa más que empeorar la vida de cada ciudadano del área urbana o rural, con sus discursos improvisados, supuestamente populista, que tan solo responde a un determinado sector que fue beneficiado con algún cargo público temporal, ayuda (víveres) por no decir limosna, o adjudicación de algo en particular que le permitirá tener un espacio en un determinado sector. ¿A quién debemos de creer? ¿Qué camino debemos seguir? Sin número de preguntas, diferentes percepciones en los senderos y en las aptitudes/actitudes de cada paraguayo/a.
La población superior a los 60 años de edad, desprotegida, desamparada, una jubilación por llamarla de alguna forma “humillante”, parecida a la imagen de un Hogar de ancianos, donde están abandonados librados a su suerte, mendigando el amor, el cariño, la presencia tan solo de una persona que les dé calor y sobretodo amor. En esa etapa tan difícil y cruel desde el punto de vista del hombre, por ya no ser productivos y una carga para el sistema mercantilista omnipotente y despiadado.
Evidentemente existen demasiados pareceres ante posturas que son expresadas sin vueltas, mi visión no deja de ser desalentadora, los países vecinos crecen y al nuestro qué le falta para poder ser igual o mejor, porque peor sí podemos estar sin duda alguna, Paraguay no puede ser una segunda Haití. Siento mucha incomodidad cuando a través de los diferentes medios de comunicación, mi gente, mi pueblo, mi esencia se ve pisoteada, ofendida, discriminada incluso a tan solo una década del inicio del siglo XXI. El uso de las caretas se daba en la sociedad griega y otras aledañas según narra la historia, diría que esto no es lo que deseo para mi, mis hijos/as, familia, padres/madres, abuelos/as, merecemos mucho mas…
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