miércoles, 14 de septiembre de 2011

Muchas mentiras y pocos cambios

El actual escenario político-nacional que tenemos a tres años de la victoria de la oposición y del ex­­-obispo Fernando Lugo, nos  hace observar que las autoridades que asumieron en el  año 2008 entraron sin un plan de gobierno en pro-de-solucionar los problemas cruciales conocidos por la ciudadanía a causa de las desigualdades sociales existentes. El llamado “cambio” (discurso tan proclamado), nunca pasó de ser la palabra preferida para engañar y darle, un poco de esperanza a la gente; funcionó para sustentar las campañas políticas y llegar al poder.


Luego de estar sentado en el sillón de los López, el ex miembro de la Iglesia Católica y con el respaldo de la alianza(diversos partidos políticos) no tenían siquiera la noción de lo que significaba gobernar (para no decir que no se esperó ganar), en este sentido si tomamos el concepto de Di Tella al referirse al “control político e institucional (…), indicando la posibilidad de orientar los procesos e intervenir sobre las variables, de programar objetivos y prever resultados, garantizar coherencia interna a todo proceso social en vías de transformación”(Di Tella, 2004), encontramos que nada de esto estaba en el orden del día; prueba de eso tenemos a mas de un tercio del fenecimiento del periodo constitucional marcado.
En paralelo, inevitablemente se encuentra la sombra de la mentira (se convierten en ironías o falsedades, que formaron parte de las promesas políticas que hasta hoy día no  fueron cumplidas).
Hasta hace poco al Presidente de la República se le podía acusar de todo, desde su incumplimiento de votos sacerdotales con la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, los hijos no cuantificados y las novias renegadas por doquier,  pero aun así (por lo menos en las encuestas llevadas a cabo) su “aparente honestidad” en el manejo de la cosa pública seguía vigente y contando aun con el apoyo de la ciudadanía (se usa la palabra “aparente” porque hoy en día, se encuentra en tela de juicio). Aquí cabe mencionar lo que solía decir Jorge Luis Borges que “él jamás se hubiese postulado para presidente, puesto que siquiera sabía dirigir su vida, menos podría hacerlo con un país”.
El otro problema es que venimos acumulando promesas de una serie de gobiernos, campañas, elecciones, etc.,  en donde la constante es que los políticos o aprendices de políticos,  nos llenan de promesas durante el periodo electoral.
Las guardamos creyendo que en algún momento podremos quitar provecho o sacar a relucir, al autor de la promesa de que algo no cumplió. Las colecciones son muchas y si vamos a citarlos nos faltarían hojas para apuntarlos. La cuestión es que se convierte en una enfermedad “el ser los recolectores de la chatarra verbal de los políticos”[1], porque tenemos que aguantar con resaca todas las promesas incumplidas.
Michael Foucault por ejemplo, hablaba sobre la relación entre el poder, la ideología y el discurso:
“el discurso tiene un papel capital para su forma de abordar el poder y el control en la sociedad. Utiliza este término para referirse a formas de habla o de pensamiento sobre un determinado asunto que se ven unidas por presupuestos comunes. Demostró que un discurso sobre un tema cambia la forma de pensar y de actuar de las personas” (Giddens: 2004, 845).
Lo malo de todo esto, es que como nadie castiga la mentira, se convierte en algo cotidiano y nosotros lo incorporamos en nuestra conducta día a día.
Volviendo a lo que es el tema del “cambio”, no podemos dejar de observar que el discurso nuevamente fue manipulado, ya que la idea que transmitían era la de “un mejor Paraguay con una política incluyente de su pueblo”. No obstante el cambio que se produjo fue netamente de actores políticos. Para una mejor comprensión del tema “las transiciones deben ser entendidas como una cuestión referente a cambios de régimen; entendiendo al régimen como a la forma de relacionamiento entre el estado y la sociedad. Una transición (o democratización) permite el cambio en las relaciones entre actores, pero no va más allá de esto”[2]
El panorama que nos abre este análisis es que continuamos, casi en las mismas. Nuestra realidad hoy, es que la imagen que nos vendieron al principio, está totalmente esfumada.
Todas las cosas de las que estábamos cansados existen todavía con más fuerza. Ahora bien, el único esfuerzo que están haciendo los partidos y movimientos de la alianza (con el aval del Presidente) es para recaudar lo suficiente y así intentar competir con quien tiene todo el aparato y presupuesto estatal a su disposición.
Por citar un ejemplo, el relevo del director general de la Dirección Nacional de Aduanas, Javier Contreras, a pesar de la destacada labor que según empresarios e informaciones periodísticas aseguran tuvo al frente de esa delicada entidad. Es más, en expresiones del ministro Dionisio Borda, bajo la administración de Contreras, la Aduana recaudó 38 por ciento más en el 2010. Fueron tapas del diarios que Lugo está castigando la eficiencia. Sin embargo el propio Contreras aclaró mejor las cosas y reconoció que él no reunía el "perfil buscado por el Gobierno de Fernando Lugo". Ahora bien, la cuestión es que si miramos a  Optaciano Gómez (INC) y Vidal Francia Zaracho (ANNP), duramente cuestionados por el mal manejo de bienes del estado, siguen en sus puestos, podemos deducir que ellos sí reúnen el tal perfil ansiado por el Gobierno.
Caen otra vez en lo mismo, el  intercambio de favores por votos-cargos. Ya no es extraño que la principal forma de “gobernar”, sea la distribución de cargos de poder dentro del aparato del estado. Trasformar las instituciones públicas en algo de uso “personal”. Esta maña clientelar, sigue siendo ampliamente practicada por los sectores del poder.
La conclusión que uno saca es que vivimos en un país donde existe una fuerte concentración del poder (piensan que el Estado es un botín que les pertenece y por los tanto pueden hacer de ella lo que les plazca) que no da posibilidades de participación a personas que puedan instalar una verdadera política de Estado.
Por otro lado, se encuentra una ciudadanía impotente a lo que está pasando, puesto que los que están en el poder fueron electos a través de sus votos. En síntesis, si el pueblo no es consciente de  como funciona el sistema que tienen, seguiremos practicando una “democracia de baja calidad”.  


[1] Nota: frase utilizada por César González Pérez. Blog, Ultimahora.com
[2] Nota: Cita de Paola Ferraro con relación a la sugerencia de Garretón en su ensayo sobre Gobernabilidad y Transición Democrática. 

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